Conectar para innovar: La misión chilena que abrió puertas en Suiza

La primera Swiss Innovation Mission – Mining Solutions llevó a una delegación chilena a empresas, universidades, startups y centros tecnológicos de Suiza, país que en 2026 volvió a ocupar, por 16.º año consecutivo, el primer lugar del Índice Mundial de Innovación. Automatización, espacios de prueba, colaboración entre academia e industria y nuevas conexiones aparecen entre los principales aprendizajes de una experiencia orientada a acercar soluciones globales a los desafíos de la minería chilena.

¿Qué hace que un país logre mantenerse durante años a la cabeza de la innovación mundial?
Parte de la respuesta está en su capacidad de conectar empresas, universidades, centros de investigación, startups y sector público. Esa articulación fue precisamente la que una delegación chilena pudo conocer desde dentro durante la primera Swiss Innovation Mission – Mining Solutions, realizada entre el 6 y el 14 de septiembre en distintos polos tecnológicos e industriales de Suiza.

“Con esta misión buscamos dar un paso concreto en nuestro rol como puente entre Chile y Suiza. La idea no era solo conocer innovación, sino conectar desafíos reales de la minería chilena con capacidades suizas en tecnología, sostenibilidad y transferencia de conocimiento”, señala Constanza Cárdenas Aguirre, gerente general de la Cámara Chileno Suiza de Comercio.
La misión incluyó encuentros con compañías como Sulzer, Zurich Insurance, ABB Motion, Endress+Hauser, Hilti, Geobrugg, Flyability y Glencore, además de instituciones como ETH Zürich, EPFL, Hagerbach Test Gallery y Switzerland Innovation Park. El programa combinó industria, academia, centros de experimentación e infraestructura especializada en minería y seguridad subterránea.

“Viajar como delegación de la Cámara permite acceder a una red y a conversaciones que de manera individual serían mucho más difíciles de articular. El valor estuvo en reunir en una misma agenda empresas líderes, centros de I+D, universidades e instituciones, con objetivos comunes entre los participantes”, agrega Cárdenas.

Para Maxime Christe, Project Manager de la misión, uno de los aspectos más interesantes fue observar cómo las conversaciones evolucionaron a medida que avanzaba el recorrido.
“Las preguntas y conversaciones se fueron haciendo cada vez más concretas. No se trataba solamente de conocer nuevas tecnologías, sino de entender cómo podrían aplicarse, qué desafíos podrían resolver y con quién podían continuar conversando después de la visita”.

Tres formas de mirar la innovación
Entre las distintas actividades, Christe destaca las visitas a Endress+Hauser, Sulzer y Geobrugg como ejemplos de las distintas dimensiones del ecosistema suizo.
En Endress+Hauser, la delegación conoció una fábrica altamente automatizada, donde robots se desplazan transportando materiales y piezas. Una demostración concreta de cómo automatización, tecnología y eficiencia pueden integrarse en los procesos productivos.
En Sulzer, el foco estuvo en el futuro de la minería y en el intercambio de experiencias. Según Christe, la conversación fue en ambas direcciones: la compañía también buscó conocer los desafíos y necesidades de los participantes chilenos para alimentar el desarrollo de sus soluciones.
En Geobrugg, en tanto, la delegación presenció una prueba en la que una roca de 6,5 toneladas impactó contra una malla de protección hasta provocar su falla.
“Fue un momento muy impactante, porque nos permitió entender por qué llevan las soluciones hasta el límite: para analizar cómo reaccionan, identificar posibles mejoras y seguir desarrollando productos cada vez más seguros y eficientes”, explica Christe.
Más allá de cada visita, para el Project Manager el principal valor estuvo en la complementariedad del programa: observar cómo empresas, universidades, startups y centros de innovación interactúan para transformar conocimiento y tecnología en soluciones aplicables al mercado.

¿Qué podría aprender Chile?
Uno de los elementos que más llamó la atención fue la estrecha colaboración entre el sector público, las empresas, las universidades y los centros de investigación.
“Esta conexión permite que la investigación y las necesidades de la industria estén mucho más vinculadas”, señala Christe.
A ello se suma la existencia de centros de prueba, donde las tecnologías pueden desarrollarse y validarse antes de ingresar a una operación real. Para la minería chilena, explica, disponer de más espacios de este tipo podría reducir riesgos y costos asociados a realizar pilotos directamente en las faenas.
La infraestructura de investigación y desarrollo fue otro de los puntos destacados. Durante la visita al Robotic Systems Lab de ETH Zürich, por ejemplo, la delegación pudo observar un entorno en el que investigación, experimentación y emprendimiento conviven de manera estrecha.
“Creo que en Chile se carece de un puente más sólido entre la investigación, la experimentación y el mercado. Fortalecer esta conexión permitiría que nuevas tecnologías puedan probarse, evolucionar y transformarse en soluciones aplicables a los desafíos reales de la industria”.

“La misión permitió abrir conversaciones en torno a transferencia tecnológica, validación de soluciones y nuevos espacios de colaboración entre empresas e instituciones de ambos países. La etapa que sigue es hacer seguimiento a esas conexiones e identificar cuáles pueden evolucionar hacia iniciativas concretas en Chile”, plantea Cárdenas.

Innovar también es generar vínculos
La experiencia no se limitó a fábricas y laboratorios. Los espacios de conversación entre los participantes también fueron parte importante del programa.
Christe recuerda especialmente una cena de la delegación en Lausana, que permitió intercambiar impresiones sobre el viaje en un ambiente más distendido.
“La innovación no ocurre solamente durante una visita a una fábrica, un laboratorio o una universidad; también ocurre cuando las personas se conocen, conversan y comienzan a construir relaciones”.
Esa dimensión será clave ahora que la misión terminó. El desafío es que los contactos establecidos y los aprendizajes obtenidos se transformen en nuevas colaboraciones, pilotos y oportunidades entre ambos países.
“Para la Cámara, el viaje no termina con el regreso a Chile. Queremos mantener activos los vínculos generados, conectar a los participantes con nuestra red y facilitar nuevas instancias de colaboración, porque el valor de una misión de este tipo está en que las relaciones y los aprendizajes puedan proyectarse en el tiempo”, concluye Cárdenas.
Como resume Christe, el objetivo final es que “las conexiones generadas durante una semana puedan transformarse en conversaciones, proyectos y oportunidades que continúen después de volver a Chile”.

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