Entrevista | Felipe Villarino

Del rugby de alto rendimiento a la gestión de proyectos vinculados con el agua y la sostenibilidad, Felipe Villarino ha construido una trayectoria marcada por cruces poco convencionales. Hoy, desde AQUA4D y BetterSport, busca llevar esa mirada a dos mundos distintos —la eficiencia hídrica y el deporte— con una misma apuesta: convertir la sostenibilidad en resultados concretos, medibles y capaces de generar valor.

¿Cómo ha sido su trayectoria profesional y cuáles fueron los principales hitos que lo  llevaron a liderar AQUA4D e impulsar BetterSport?

Mi trayectoria no ha sido una línea recta, y creo que justamente ahí está gran parte de su riqueza. Soy psicólogo de formación, pero desde muy temprano entendí que mi lugar estaba en construir proyectos, conectar personas y transformar ideas en iniciativas con impacto. El deporte también ha sido una escuela muy importante en mi vida. Haber sido seleccionado chileno de rugby me enseñó sobre disciplina, equipo, resiliencia y propósito; valores que después llevé naturalmente al mundo profesional.

Mi vínculo con Suiza y con la innovación me llevó a involucrarme profundamente en AQUA4D y en el desafío de la eficiencia hídrica. Ahí comprendí algo que ha marcado mi carrera: la sostenibilidad funciona cuando deja de ser solamente un discurso y se convierte en una solución concreta para las personas y para el negocio.

BetterSport nace de esa misma convicción, pero aplicada a una industria que me apasiona: el deporte. Vi un ecosistema con una enorme capacidad de generar cambios sociales y ambientales, pero que todavía necesitaba herramientas para medir, gestionar y comunicar ese impacto. Por eso, hoy ambos proyectos, aunque están en industrias distintas, tienen para mí un hilo conductor muy claro: utilizar innovación, tecnología y colaboración para transformar desafíos reales en oportunidades de impacto.

¿Qué aprendizaje de ese recorrido ha sido decisivo en su forma de liderar equipos y desarrollar nuevos proyectos?

Probablemente el aprendizaje más importante ha sido entender que uno no construye nada relevante solo. El liderazgo para mí tiene cada vez menos que ver con tener todas las respuestas y mucho más con ser capaz de construir una visión que otros quieran hacer propia.

El deporte me enseñó muchísimo en ese sentido. En un equipo puedes tener grandes individualidades, pero si cada uno juega para sí mismo, difícilmente llegas lejos. En los proyectos ocurre lo mismo. Trato de rodearme de personas que sepan más que yo en sus áreas, darles espacio, escuchar y mantener muy claro el propósito que nos une.

También he aprendido a convivir con la incertidumbre. Emprender implica equivocarse, ajustar y volver a intentar. Hoy valoro mucho más la capacidad de aprender rápido que la pretensión de tener un plan perfecto desde el inicio.

¿Qué aporta la tecnología suiza de AQUA4D a la eficiencia hídrica en Chile? ¿Podría compartir un proyecto que refleje ese aporte con resultados concretos?

AQUA4D aporta una mirada muy concreta a uno de los desafíos más importantes que tenemos en Chile: producir y operar mejor utilizando el agua de manera más eficiente. Por un lado, tenemos nuestra propia tecnología, pero donde estamos poniendo mucho foco en Chile es en acompañar a nuestros clientes para que logren efectivamente sus metas corporativas asociadas al agua, aportándoles acompañamiento en gobernanza hídrica. Nuestra metodología, llamada GHS (Gobernanza Hídrica Sostenible), permite al cliente apoyarse en nosotros en todos los temas relacionados con el agua, desde levantar líneas base y establecer metas de eficiencia hasta acompañarlo en certificaciones, gestionar proveedores, generar planes de inversión y análisis financieros y elaborar reportes ESG.

La tecnología propiamente tal trabaja sobre las propiedades físicas del agua y permite mejorar la hidratación y la humectación, lo que se traduce en diversos beneficios según el proceso y la industria donde la implementemos. Tenemos nuestra casa matriz en Suiza para Europa, California en EE. UU. y Chile para América Latina, y en cada mercado los desafíos pueden ser comunes, pero también pueden ser diversas las maneras de enfrentarlos.

Lo valioso es que podemos llevar la conversación sobre sostenibilidad a resultados medibles. Por ejemplo, en un proyecto con palto Hass en la Región de Valparaíso registramos reducciones en el consumo de agua del orden del 27% en abril y del 40% en mayo, junto con una disminución aproximada del 25% en la conductividad eléctrica. En otros proyectos, por ejemplo, de áreas verdes y deportivas, hemos logrado eficiencias promedio del 30%.

Para mí, ese es el cambio que necesitamos impulsar: que cuidar el agua no sea visto únicamente como un costo o una obligación ambiental, sino como una decisión que puede generar eficiencia, resiliencia y valor para el negocio.

¿Cuál es la principal barrera que ha encontrado para que las organizaciones inviertan en soluciones sostenibles y cómo ha logrado abordarla?

La principal barrera sigue siendo la percepción de que la sostenibilidad es un gasto y no una inversión. Muchas organizaciones entienden intelectualmente que deben avanzar, pero cuando llega el momento de asignar presupuesto aparecen otras prioridades que parecen más urgentes.

La forma de abordar esa barrera ha sido cambiar la conversación. En vez de comenzar hablando de sostenibilidad, intento comenzar hablando del problema del negocio: cuánto cuesta el agua, dónde están los riesgos, qué eficiencia se puede generar, qué exige el mercado, cómo se fortalece la relación con comunidades o cómo una mejor gestión puede abrir nuevas oportunidades comerciales.

Las nuevas regulaciones y estándares ESG, como las NIIF S1 y S2 (IFRS Sustainability) y su incorporación progresiva en normativas locales —por ejemplo, las exigencias de divulgación de sostenibilidad de la CMF en Chile— están produciendo un cambio muy relevante: la sostenibilidad está dejando de ser únicamente una decisión voluntaria o reputacional para integrarse cada vez más a las reglas bajo las cuales operan y reportan las empresas. Cuando conversamos con las organizaciones, trato de explicarlo de una manera muy simple: el juego está cambiando y las reglas también.

Por eso, si una empresa quiere seguir siendo competitiva, acceder a financiamiento, relacionarse con grandes compañías o formar parte de determinadas cadenas de valor, hacerse cargo de estos temas ya no es solamente “hacer lo correcto”; es prepararse para seguir jugando y haciendo negocios en un mercado que exige cada vez más evidencia, transparencia y capacidad de gestión.

Con BetterSport está impulsando los BetterSport Awards. ¿Cómo nace esta iniciativa y qué cambio busca promover en la manera de gestionar el deporte en Chile?

BetterSport nace de una pasión y un sueño personal por el deporte. También nace de vincular de manera concreta el impacto sostenible con la industria: creamos un solo espacio de interacción entre organizaciones deportivas, marcas con inversión ESG, desarrollo tecnológico e inteligencia artificial y las personas (hinchas), para generar un impacto trazable frente a los desafíos ambientales, sociales y de gobierno corporativo del deporte en Chile y América Latina.

Los BetterSport Awards nacen de una pregunta muy simple: ¿cómo hacemos visible y reconocemos a quienes están utilizando el deporte para generar un impacto positivo?

Hoy existen clubes, federaciones, eventos, deportistas y empresas desarrollando iniciativas muy valiosas, pero muchas veces esas acciones están dispersas, no se miden con una metodología común o no reciben la visibilidad que merecen. Nuestra intención es ayudar a ordenar ese ecosistema: medir, comparar, reconocer y, sobre todo, inspirar.

Los Awards no buscan ser solamente una ceremonia. Queremos que sean la expresión pública de un proceso que parte mucho antes, con evaluación, evidencia y aprendizaje. La aspiración es que, con el tiempo, gestionar variables ambientales, sociales y de gobernanza sea tan natural para una organización deportiva como gestionar sus resultados deportivos o financieros.

Y hay algo que me entusiasma especialmente: hacerlo desde Chile y construir desde aquí un estándar que pueda crecer hacia Latinoamérica.

¿Qué criterios distinguirán a quienes reciban los BetterSport Awards y cómo esperan que sus experiencias inspiren a otros clubes, organizaciones y empresas?

Los BetterSport Awards los realizamos en conjunto con Megamedia, con el patrocinio del Ministerio del Deporte y otros actores de los sectores privado y público. En esta instancia anual queremos reconocer el impacto real, no solamente las buenas intenciones. Por eso miramos distintas dimensiones de la sostenibilidad: gestión ambiental, impacto social y elementos de gobernanza, siempre buscando evidencia que permita respaldar lo que una organización declara.

Pero también nos interesa reconocer el progreso. No creemos que la sostenibilidad deba convertirse en un espacio reservado únicamente para las organizaciones que tienen más recursos. Un club pequeño que entiende sus brechas establece metas y comienza a avanzar puede ser tremendamente inspirador y convertirse en un espacio de inversión para las marcas que están buscando justamente eso: invertir, pero con impacto real.

La fuerza de los Awards estará justamente en convertir esos casos en historias visibles y replicables. Cuando otro club ve que una organización similar logró reducir su consumo de agua, desarrollar un programa de inclusión, trabajar mejor con su comunidad o atraer una marca gracias a su propósito, la sostenibilidad deja de sentirse lejana y empieza a verse posible.

¿Qué oportunidades ve para que los socios de la Cámara Chileno Suiza de Comercio desarrollen proyectos conjuntos que conecten innovación, sostenibilidad y bienestar de las personas?

Veo una oportunidad enorme porque Chile y Suiza tienen capacidades muy complementarias. Suiza tiene una cultura muy fuerte, reconocida mundialmente, de innovación, tecnología, calidad y mirada de largo plazo, mientras Chile tiene desafíos concretos en los que esas capacidades pueden generar muchísimo valor.

Desde la Cámara podemos pasar de conversar sobre sostenibilidad a construir proyectos colaborativos concretos. Pienso en eficiencia hídrica, energía, economía circular, ciudades, salud, bienestar y también deporte. Muchas veces las mejores soluciones aparecen cuando una empresa tecnológica, una corporación, una startup, la academia y el sector público dejan de trabajar de manera aislada.

Como presidente del Comité de Sostenibilidad, me interesa especialmente impulsar esa lógica: que la Cámara sea un lugar donde se encuentren capacidades distintas y, desde ahí, nazcan proyectos demostrativos que después puedan escalar. La colaboración, cuando tiene objetivos y métricas claras, puede acelerar muchísimo la transformación.

Mirando hacia los próximos años, ¿qué cambio le gustaría haber impulsado a través de AQUA4D y BetterSport, y qué se necesita para hacerlo realidad?

Me gustaría mirar hacia atrás en algunos años y sentir que ayudamos a cambiar dos conversaciones.

Con AQUA4D, que el agua haya dejado de gestionarse solamente desde la escasez y que más organizaciones hayan aprendido a verla como un recurso estratégico que podemos medir, cuidar y utilizar de manera mucho más inteligente.

Con BetterSport, que la sostenibilidad haya dejado de ser algo periférico dentro del deporte y que clubes, federaciones, eventos y marcas entiendan que su impacto ambiental y social también forma parte de su desempeño, de su reputación y de su capacidad de generar valor. También me encantaría aportar información estratégica que ayude a los Estados a definir políticas públicas relacionadas con estas materias.

Para hacerlo realidad necesitamos tecnología y buenos modelos de negocio, pero sobre todo necesitamos colaboración y personas dispuestas a desafiar la forma tradicional de hacer las cosas. Yo tengo una convicción muy profunda: cuando propósito y negocio logran encontrarse, los proyectos dejan de depender solamente de la buena voluntad y adquieren la capacidad de crecer y permanecer en el tiempo. Ese es el tipo de impacto que me gustaría ayudar a construir y que mi hijo Benjamín pueda vivir.

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