EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CHILE, EDUARDO FREI RUIZ-TAGLE

A lo largo de su vida pública, ¿qué lugar ha ocupado Suiza en su mirada del mundo y en su manera de entender el desarrollo?

Sin duda, un lugar muy destacado. Suiza es un referente para todo el mundo porque siendo un país pequeño ha sido capaz de implementar un exitoso modelo de desarrollo basado en una economía de mercado altamente competitiva que se enfoca en exportaciones de alto valor; servicios financieros reconocidos mundialmente; tecnología e innovación de vanguardia, con una inversión superior al 3% del PIB en I+D; un sistema educativo de formación profesional y técnica de gran calidad, y una política basada en el principio de neutralidad y protección de la propiedad privada que garantiza seguridad jurídica para los negocios. Claramente es un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas para conducir a un país al desarrollo.

Más allá de la política y la economía, ¿qué aspectos de la cultura suiza le resultan más admirables o cercanos?

Admiro mucho su diversidad multicultural, con influencias alemanas, francesas e italianas; la alta valoración que tienen de la educación como motor de desarrollo con colegios y universidades de alto nivel, y un sistema de formación profesional dual de gran calidad; y una democracia estable en la que los ciudadanos tienen una participación política activa mediante el voto frecuente en referéndums sobre diversas materias, consolidando así una cultura de consenso.

Suiza suele despertar respeto por su capacidad de combinar tradición y modernidad. ¿Qué cree que hay detrás de ese equilibrio?

Esa armonía entre tradición, innovación y una identidad cultural profundamente arraigada es lo que convierte a Suiza en uno de los países más admirados del mundo. Suiza es reconocida globalmente como un país excepcionalmente estable, posicionándose frecuentemente como el mejor del mundo por su alta calidad de vida, economía sólida y su gran capacidad de innovación. Y todo eso lo ha hecho combinando magistralmente esa modernidad avanzada con tradiciones muy arraigadas entre sus ciudadanos. Ese equilibrio virtuoso es fruto del convencimiento, creo yo, de que ese es el camino que ha permitido convertir a este país en una sociedad madura, muy desarrollada y capaz de ofrecerle una alta calidad de vida a sus ciudadanos.

En su experiencia, ¿la relación entre Chile y Suiza ha sido más profunda de lo que a veces percibimos públicamente?

Yo creo que las relaciones bilaterales entre ambos Estados son muy estrechas y de más de cien años de vigencia, las que tal vez no son tan visibles para la ciudadanía, pero no por ello han sido menos importantes. Ambos países comparten valores y principios en su accionar internacional, y un factor que ha impulsado aún más las relaciones fue la suscripción del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y la European Free Trade Association (EFTA), de la cual Suiza es parte -firmado en junio del 2003- y cuyo proceso de modernización terminó en 2024. Precisamente la modernización del TLC y el interés en sectores como minería, fintech y sostenibilidad están impulsando crecientemente la presencia suiza en Chile. En nuestro país ya operan grandes multinacionales suizas como Nestlé, Novartis, Roche, y ABB, entre otras, con presencia en los sectores de alimentos, fármacos, infraestructura y energía. En consecuencia, la relación entre Chile y Suiza es profunda y estratégica, consolidada por una sólida inversión económica de más de US$ 2.200 a 2023. Por ello Chile es el cuarto socio comercial de Suiza en Latinoamérica, siendo solo superado por México, Brasil y Argentina, mercados mucho más grandes que nuestro país.

¿Hay alguna experiencia personal, encuentro o visita vinculada a Suiza que lo haya marcado especialmente?

Sin ninguna duda cuando en mi visita de Estado a Suiza en marzo de 1995 visité la ciudad de Nesslau, en el cantón de St. Gallen, que es la tierra de origen de mi familia paterna y por ello un lugar muy querido para mí. Desde ahí mi abuelo, el ciudadano suizo Eduard Frei, salió rumbo a Chile donde contrajo matrimonio con mi abuela Victoria Montalva y se estableció inicialmente en la localidad agrícola de Lontué en la provincia de Talca. Guardo un recuerdo imborrable de mi visita a Nesslau y un profundo agradecimiento por las manifestaciones de amistad y afecto que nos brindaron las autoridades y ciudadanos de esa comuna suiza, y por haberme permitido hacer este recuerdo de mi familia paterna que significó mucho para mí.

Suiza suele asociarse a innovación, confianza y largo plazo. ¿Son esos también los valores que hoy necesitan con más fuerza las relaciones comerciales?

Sin ninguna duda. El comercio es un motor de crecimiento que crea mejores empleos, reduce la pobreza y aumenta las oportunidades económicas, y son precisamente la innovación y la confianza sus pilares fundamentales, potenciando la competitividad y generando un ambiente adecuado para los negocios. La innovación, mediante tecnología y procesos, permiten a los países diferenciarse y capturar valor e impulsar la productividad, mientras que la confianza es un activo que facilita el comercio y la inversión, la colaboración, la estabilidad y la seguridad jurídica, factores que hoy son clave en un entorno geopolítico inestable.

Desde una mirada más humana, ¿qué tipo de puentes cree que acercan de verdada dos países: los negocios, la educación, la cultura, la confianza?

No hay uno o dos, sino una multiplicidad de factores. La decisión de dos países de convertirse en socios comerciales suele estar influenciada por varias variables. En primer lugar, la complementariedad económica es fundamental: cuando las economías tienen recursos, productos o servicios que se necesitan mutuamente, el comercio resulta beneficioso para ambas partes. Del mismo modo, es importante cuando ambas son economías abiertas al comercio exterior y tienen coincidencias frente al multilateralismo. Y, finalmente, también influyen la estabilidad política y la confianza entre gobiernos, ya que estas condiciones promueven un entorno seguro para las inversiones y el intercambio.

En tiempos de tanta incertidumbre global, ¿qué lecciones dejan países como Suizasobre estabilidad, diálogo y construcción institucional?

La gran lección que nos deja Suiza es su capacidad para armonizar una democracia vigorosa y muy arraigada en sus ciudadanos con instituciones sólidas, un entorno regulatorio previsible y un sector financiero robusto que, en conjunto, convierten al país en un ejemplo para el mundo entero y en una atracción para muchas empresas y estructuras corporativas internacionales que se han establecido ahí.

Si tuviera que darle un consejo a una nueva generación de empresarios chilenos que mira a Suiza como socio, ¿qué les diría?

En primer lugar, quisiera destacar que tengo una profunda confianza en los empresarios y empresas chilenas, las que han demostrado su capacidad para hacer negocios en los mercados más demandantes del mundo y Suiza no es la excepción. Sin perjuicio de lo anterior, yo les diría a los empresarios chilenos que miran hacia Suiza como socio estratégico, que el éxito no depende solo del capital, sino de la alineación con los valores de precisión, sostenibilidad y visión a largo plazo. Suiza es el país más innovador del mundo y busca socios que ofrezcan soluciones tecnológicas y ambientalmente responsables. La calidad no es negociable. El mercado suizo es extremadamente exigente y por eso sus propuestas deben reflejar una excelencia técnica impecable y cumplir estrictos estándares internacionales y certificaciones de calidad. Y, por otra parte, es importante integrar la sostenibilidad no como un factor accesorio, pues el mercado suizo prioriza empresas con conciencia social y medioambiental.

Y en lo personal, después de tantos años de vida pública, ¿qué cosas valora hoy más que antes cuando observa países, liderazgos y formas de desarrollo?

Siempre he considerado que hay cuatro elementos fundamentales: un sistema democrático robusto, eficiente y donde prevalece el imperio de la ley, economías abiertas, instituciones sólidas y seguridad jurídica. Por una razón muy simple, las economías abiertas con instituciones sólidas y seguridad jurídica atraen inversión extranjera, fomentan la competitividad global y promueven el crecimiento económico. Y la apertura comercial requiere un marco legal confiable para proteger la inversión. Es así como entiendo el modelo de desarrollo para un país.

 

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